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A. Romano (2018). Impresiones de China. Europa y el englobamiento del mundo (siglos XVI-XVII). Madrid: Marcial Pons Historia. 421 pp.

Inés Suárez Ibias1

Estudios de Asia y África, 2020 Jul 27


La editorial Marcial Pons cuenta con una sección específica destinada a la publicación de obras de historia, disciplina científica que tratan de promocionar mediante la colaboración de acreditados autores que avalan la marca con su seriedad y su rigor. El libro que se reseña aquí, traducción de Impressions de Chine. L’Europe et l’englobement du monde (16 e ­17 e siècles) (París: Fayard, 2016), corresponde a la colección Ambos Mundos, que busca destacar el nexo entre Europa y el resto de los continentes.

En esta ocasión es la historiadora Antonella Romano la encargada de ampliar el repertorio. Posee una amplia experiencia laboral dentro de prestigiosas instituciones, entre las que resaltan el Instituto Universitario Europeo de Florencia, donde fue catedrática (2005-2013); el Centro Alexandre-Koyré, del que fue directora (2014-2017), y L’École des hautes études en sciences sociales, donde es vicepresidenta desde 2017. Inició sus estudios en el campo de las matemáticas renacentistas, lo que la llevó a interesarse en el papel de los misioneros cristianos en la transmisión del conocimiento, especialmente en la Compañía de Jesús y sus actividades en China y Nueva España, así como en la labor de Roma como centro de convergencia de los nuevos saberes. Participa en varios proyectos de investigación y cuenta con numerosas publicaciones.

A priori puede resultar evidente que la traducción de la obra ha supuesto un problema significativo, ya que introduce un término totalmente nuevo: “englobamiento”; sin embargo, con esta locución la autora da “prioridad a los actores en lugar de calificar con él una época” (p. 11). Su objetivo es evitar una concepción eurocentrista del fenómeno que pueda desembocar en una confrontación entre dos culturas “ellos/ nosotros”, y, al mismo tiempo, hacer referencia a una primera mundialización que permitió el trasvase de conocimientos, objetos y hombres. Es vital que se mantenga presente en todo momento que ambas áreas son entidades territoriales con una historia propia e independiente, y que fue la variedad étnica, la movilidad de las fronteras y el considerable desarrollo de la sociedad asiática lo que facilitó su encuentro. Aunque ya se tenía constancia de la existencia del país oriental a través de la ruta de la seda, el contacto era muy escaso y no fue sino hasta la época de los grandes descubrimientos cuando se comenzó a conocer en profundidad el territorio. La labor de mediación correspondió a la Iglesia católica, que buscó comprender a la civilización autóctona con el fin de aumentar su potencial evangelizador. La intervención religiosa se explica a partir de las reformas originadas por el Concilio de Trento, que trataron de aumentar el radio de influencia católica a través de una recuperación del proselitismo original, la erradicación de herejías y la evangelización de nuevas zonas. Esto se relaciona directamente con un incremento de las publicaciones a partir de la segunda mitad del siglo XVI, en las que se debe tener en cuenta la censura y la reescritura a las que se vieron sometidas.

En un primer momento, el nuevo territorio destacó como potencia demográfica; pero una vez unidas las coronas ibéricas en la figura de Felipe II, el interés por la zona creció y se convirtió en una posible anexión al imperio, lo que dificultó el avance evangelizador debido a que los jesuitas, como es el caso de Juan González Mendoza, fueron forzados a obedecer simultáneamente a dos entidades políticas: monarquía y papado. A esto se le sumó la barrera lingüística, ya que, a pesar de que en los principales nexos (Manila en el caso español y Macao en el portugués) surgieron “intérpretes naturales”, el interior se presentaba como un desafío. Para resolver el problema de la traducibilidad, se crearon centros de enseñanza en Japón, mientras los predicadores cristianos se embarcaron en el aprendizaje del idioma propio del lugar.

El reforzamiento de las relaciones entre ambos mundos no sólo afectó a China, sino que comenzaron a llegar a Europa embajadas foráneas que despertaron tensiones políticas sobre la dicotomía conquista-conversión. Si bien había aspectos a favor de la cristianización (obediencia, respeto a las jerarquías y desarrollo cultural), se mostraban hostiles al extranjero. Debido a esto, Japón se presentó como una puerta de entrada al este a pesar de su inestabilidad política y el choque de mentalidades, en especial en lo relativo a la mujer y su sexualidad.

Sin olvidar la importancia de México como punto de encuentro entre estas entidades sociopolíticas y con el objetivo de integrar las experiencias de las Indias Occidentales y Orientales, José de Acosta (1596) realizó una división de los bárbaros en tres categorías, según sus políticas, su economía y el uso de la lengua. China y Japón se retrataron en la misma línea que las sociedades europeas arcaicas, seguidos de mexicanos y peruanos y, finalmente, caribeños, brasileños y paraguayos, a los que correspondía el grado máximo de barbarie. De esta forma, quedaron reguladas las futuras interacciones con las diversas etnias desde un plano de superioridad moral.

A finales del siglo XVI comenzaron a surgir asentamientos estables, pero el idioma continuó siendo un problema. La complejidad lingüística, en especial en el plano oral, obligó a la utilización del lenguaje escrito, de forma que los textos se volvieron fundamentales para el intercambio de conocimientos. El gusto que se desarrolló en la corte imperial por las ciencias obligó a la Compañía de Jesús a especializarse en astronomía y filosofía, con el objetivo de obtener el favor del emperador y estabilizar su situación, pero las invasiones tártaras y la llegada de nuevas órdenes supusieron una reevaluación de la actividad misional, que debió adaptarse a la hostilidad creciente.

Johann Adam Schall von Bell, que pasó de astrónomo imperial a herético, es el ejemplo perfecto de las consecuencias que estos cambios llegaron a tener. Surgió una necesidad de calificar al tártaro y dar una justificación que concordara con la teología y que justificara el sometimiento de un estado civilizado por dichos bárbaros. Al mismo tiempo, la creación de nuevos atlas geográficos e históricos de Asia por Martino Martini (1654, 1655 y 1658) forzó a un análisis crítico de Poniente. El resultado fue la definición de la China Ming como necia idólatra, dominada por un pueblo mucho más abierto a la conversión católica, mientras que los jesuitas fueron duramente criticados y sancionados por su asociación con ese poder político anterior.

A finales del siglo XVII, el enfoque global cambió hacia Francia y Rusia, al tiempo que surgieron nuevas formas de espiritualidad. La misión científica se consolidó a través de la creación de la Academia de las Ciencias y se encontró bajo la protección del rey, pero la integración de China a las redes de influencias europeas no fue tan satisfactoria como en América, y esto se refleja en la historiografía actual, que favorece notablemente a la zona oeste del planeta.

La limitación del acceso a documentos originales chinos y la barrera lingüística han impedido a Romano realizar un análisis con mayor profundidad que abarque no sólo la perspectiva eurocentrista, sino también aquellos materiales que se habrían producido en el seno del territorio asiático. Desafortunadamente, la información a la que tiene acceso el mundo de las lenguas indoeuropeas en relación con el mundo del este es ínfima, a pesar del aumento de las traducciones. Debemos considerar hasta qué punto este tipo de contribuciones no se han convertido en una nueva forma de intercambio de conocimiento de carácter científico-humanístico entre ambos mundos, de la misma forma en que la astronomía y las matemáticas lo fueron en los siglos XVI y XVII.

Del mismo modo, la autora opta por obviar las reciprocidades que se pudieron dar gracias a otras áreas, como el comercio y la política. Y aunque lo hace de forma premeditada, no evita que se pierda gran cantidad de información que podría desempolvar nuevas cuestiones acerca de los canjes culturales que se dieron a lo largo del periodo moderno.

Sin embargo, en congruencia con su línea de investigación, Antonella Romano ha conseguido dibujar un mapa claro de las relaciones internacionales entre Occidente y las Indias a través de la producción escrita de la Compañía de Jesús. De esta forma, no sólo ha situado a la Iglesia católica como foco del “englobamiento” de la Edad Moderna, sino que ha reconciliado la historia científica y religiosa; un aporte significativo en su obra. Impresiones de China se convierte así en un estudio clave para quien desee comprender el complejo fenómeno que se dio con el encuentro de los tres grandes continentes y sus civilizaciones, cómo fue gestionado y qué ideología primaba desde el Vaticano en contrapunto con la monarquía.





Referencias
Acosta, J. (1596). De Natvra Novi Orbis Libri Dvo et De Promvlgatione Evangelii Apud Barbaros, sive De Procvranda Indorvm Salvte libri. Colonia: Birckman.
Martini, M. (1654). De Bello Tartarico Historia. In quâ, quo pacto Tartari hac nostrâ ætate Sinicum Imperium inuaserint, ac ferè totum occuparint, narratur; eorumque mores breuiter describuntur Auctore R. P. Martino Martinio, Tridentino, ex Prouinciâ Sinensi Societatis Iesv in Vrbem misso Procuratore. Amberes: Ex Officina Plantiniana Balthasaris Moreti.
Martini, M. (1655). Novus atlas Sinensis a Martino Martinus, Soc. Iesu: descriptus et serenmo. Archduci Leopoldo Guilielmo Austriaco dedicatus. Ámsterdam: Joan Blaeu.
Martini, M. (1658). Martini Martinii Sinicae ftistoriae decas prima: res a gentis origine ad Cftristum natum in extrema Asia, sive magno Sinarum imperio gestas complexa. Múnich: Lucae Straubii.

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ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA, volumen 55, número 1 (171), enero-abril de 2020, es una publicación cuatrimestral electrónica editada por El Colegio de México, Carretera Picacho Ajusco 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Tlalpan, Ciudad de México, C.P. 14110, Tel. (55) 5449-3000, www.colmex.mx, reaa@colmex.mx. Editor responsable: Adrián Muñoz. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2015-092314123300-203; ISSN (impreso) 0185-0164; ISSN (electrónico) 2448-654X, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de Estudios de Asia y África, fecha de la última modificación: 11 de septiembre de 2020. La revista no asume la responsabilidad por las opiniones expresadas en los textos firmados, que son responsabilidad, única y exclusiva, de los autores. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea sin fines de lucro o para usos estrictamente académicos, citando invariablemente la fuente sin alteración del contenido y dando los créditos autorales.

 
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