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A. Shah (2018). Nightmarch. Among India’s revolutionary guerrillas

Luis Vázquez León*

Estudios de Asia y África, 2019 Dec 14


¿La etnografía se hace caminando? Linda metáfora móvil, pero, de nuevo, ¿se hace caminando la etnografía de la guerrilla naxalita? De inicio pareciera que sí, tanto por los recorridos nocturnos como por el correr del clandestinaje, pero resulta obvio decirlo a causa del contexto de una guerra popular o contra el terrorismo -depende desde dónde se aborde- escenificada en el dilatado Corredor Rojo de India, que se extiende desde Nepal, al norte, hasta Andhra Pradesh, en el sur del subcontinente. No obstante, en el caso de una sociedad tan vasta y compleja como la india, sí hay una especie de tradición del caminante como viajero, y que nuestra antropología canceló desde el siglo XVI.

Para nuestro horizonte de vida, fue el premio Nobel de Literatura V. S. Naipaul quien emprendió un inusual viaje por las tierras dominadas por el islam moderno, de Irán a Indonesia (sin faltar Pakistán, por supuesto), y lo plasmó en el libro titulado en español Entre los creyentes (Naipaul, 1982). Empero, si vemos más allá de la continua guerra comunal declarada entre creyentes hindúes y musulmanes, es posible que a Shah la sola asociación con Naipaul le resulte incómoda, dada la bien conocida misoginia del escritor, reiterada hasta el cansancio mientras vivía. Pero tenemos otra mención análoga pendiente, mucho más sutil que hacer, ya que pertenece a la escritora Arundhati Roy, quien dio a conocer Caminando con los camaradas(Roy, 2012). A pesar de la coincidencia metafórica común en todos, es llamativo que ni Naipaul ni Roy llamaran a sus reportajes etnografías, aunque ambos recuerdan un muy serio periodismo de viajes. Alpa Shah, por su parte, sí es antropóloga social de formación, posee estatus académico en la London School of Economics and Political Science, pero lo más sorprendente es que ella misma le confiere a su reportaje valores académicos exclusivos (antropológicos) que los escritores no reclaman para sí. Pareciera como si los viajeros contemporáneos fueran parte de un pasado antropológico que se obstina en persistir para nuestro eterno disgusto. En la actualidad, sólo los historiadores de la antropología hacen referencia a los relatos de viajeros, con la excepción de la etnología francesa, que reconoce su aportación.

Y es que el estudio de Shah, según aclara en una insólita nota inicial, es un trabajo de no ficción (nonfiction), lo que rebaja un tanto a los viajeros literatos desde el inicio. En cambio, su etnografía está ciertamente escrita en siete partes que describen sus siete noches de andar sigiloso con los miembros del Ejército Guerrillero de Liberación, comandado por el Partido Comunista de la India, de filiación maoísta, mejor conocidos como naxalitas, nombre que celebra su primer levantamiento violento. Entonces, sin faltar a sus menciones obligadas al uso del trabajo del campo comprometido (amenizadas con una polémica sostenida con Tim Ingold en las páginas del Journal of Ethnographic Theory), en sus reconocimientos finales dice a la letra: “Este libro está basado en la imaginación, las ideas y la experiencia formada por nuestros encuentros e interacciones con otros” (p. 305); y a la lista de nombres ficticios de combatientes (al no poder revelar los reales), sigue otra más puntual de universidades y apoyos académicos imprescindibles para sobrevivir, si no a las balas contrainsurgentes, sí a las invectivas de la academia inglesa. El problema estriba en todo caso en la pregunta de si Roy no tiene asimismo imaginación, ideas y experiencias, lo que es algo en extremo debatible debido a su conocida militancia antifascista y, sobre todo, democrática. Tal como la describe la periodista Laura Flanders, el suyo es un trabajo “de ficción en la cara del creciente fascismo”. Excepto que Walking with the comrades no es una obra de ficción.

Pero volvamos a Shah. Aparte de que el trabajo de campo supone una experiencia de temporalidad dilatada a propósito (la que sigue siendo la mayor distinción respecto a etnólogos y viajeros, aún hoy), tanto en las experiencias de Shah como en la de Roy se aprecia la muy clara intención de la dirigencia guerrillera de presentarse en público, primer signo de que la suya no es una guerrilla digital capaz de retar al capitalismo global. Acaso por eso Shah le da tanta preeminencia a una sola entrevista con un destacado dirigente, bastante afable por lo demás, hasta que no lo cuestionaron. Asimismo, da cuenta de sus valiosas interacciones con guerrilleros de menor jerarquía y con la tropa de hombres y mujeres combatientes. Además del interés manifiesto en la interacción, se ven en ésta todavía los vestigios de la relación con una casta superior, notorios en el trato cotidiano brindado a la antropóloga -extensible a los dirigentes descastados y desclasados-, si bien los maoístas pretenden declaradamente acabar con las castas lo mismo que con las clases sociales, al menos en su comunidad utópica ideal.

Shah etnografía el drama social que se vive en el Corredor Rojo, aunque lo descrito esté localizado sólo en ciertos lugares de éste. Al leer sus siete caminatas, se le agradece darnos a conocer un poco más de las personas y los motivos involucrados, lo que no es poco decir, ya que rara vez se sabe de estos hechos en los medios informativos. Aun el amplio servicio de streaming de la BBC News India demuestra que los periodistas dan énfasis a otras guerras de menor intensidad en Cachemira, que desde luego pueden escalar pronto por los intereses vecinos de Pakistán y China. En tal contexto, es en extremo inquietante que en las montañas de los estados orientales del país la guerra se establezca con un ejército guerrillero de orientación maoísta. Qué tanto esté implicada China aquí es difícil saber, aunque Shah, sin pronunciarse al respecto, brinda un recorrido por otros movimientos maoístas. Quizás incomode ver citado al EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) de México junto al Khmer Rojo de Camboya o a Sendero Luminoso de Perú, porque a ratos pareciera que todos los brotes rebeldes maoístas estuvieran conectados, lo que antes ocurría con los movimientos comunistas afines a Moscú. La interrogante sigue en el aire.

Por esta senda uno va hallando las diferencias entre Shah y Roy. El compromiso declarado de Sha con el PLA (People’s Liberation Army) supone disipar en la misma medida su posible crítica a las crecientes muestras de comportamientos fascistas entre los partidos nacionalistas hindúes, muy evidentes en el estado de Gujarat, un caso estudiado por Sophia Khan (2008). Roy, en cambio, ofrece un panorama más amplio en su obra literaria -con el tácito valor extra de que lo hace desde dentro de India-, lo que incluye la democracia y la justicia bajo un mundo orwelliano-distópico donde ya la “paz es guerra” (Roy, 2016). No sostiene ella un juicio contra el maoísmo, y mucho menos contra los que han tomado la decisión de combatir, pero no se limita a eso. Es curioso, porque las descripciones de las fiestas religiosas en los campamentos guerrilleros son muy parecidas en ambos textos, pero Roy sorprende al lector por la profusión de fotos que incluye su libro.

Si se sigue este rastro contrastante, aparece una diferencia mayor que Shah coloca en una lejana nota a pie de página (nota 9, capítulo 11, p. 297), relacionada con la composición adivasi del movimiento maoísta. Cito: “Arundhati Roy es quizá el mejor ejemplo de aquellos que sostienen esta posición, pues alguna vez afirmó que si el movimiento era 99.9% adivasi, eso abría a debate si el movimiento era maoísta o adivasi”. Dicho de otra manera, se difiere en torno a la presencia tribal en la guerrilla y a qué tanto es definitoria. El asunto no es menor, ya que los maoístas tienen especial interés en los grupos étnicos. Asimismo, es menester destacar que Shah dedicó dos años y medio a convivir con los munda adivasi, por lo que el suyo sería un estudio de larga duración (pp. 40 y 65), un trabajo antropológico reconocible en la revisión bibliográfica de Buddhadeb Chaudhuri (2001).

Si se coloca el diferendo entre observadores en un contexto nacional más amplio, ¿qué tanto del 8% de la población tribal india se ha sumado a la guerra popular? El asunto étnico pareciera interesar más a la antropología que a los grupos de población involucrados. Ocurre que en el libro de Roy se percibe una fuerte adhesión de dalits (parias o intocables de la casta más baja) y de campesinos asfixiados por los terratenientes, sin hablar de los jornaleros. Queda claro en cualquier caso que los adivasi están siendo despojados por una acumulación salvaje practicada por los intereses mineros y madereros activos en sus tierras montañosas.

Para concluir, la combinación real de los intereses vulnerados puede molestar a los activistas, pero también implica lo que los periodistas critican como las “paradojas del activismo” -entiéndase una inocencia que a veces termina siendo cómplice de los intereses contrarios, aunque dentro del drama de una guerra se despliegan otras lealtades más vastas entre los contendientes-. Lo mismo les ocurre a los observadores externos. A mi juicio, entonces, estas pretensiones valorativas, justificadas o no, inducen a concluir que el libro de Shah ha de leerse junto con el libro de Roy si se desea tener una visión más justa de lo que acontece. Y como ha dicho Tim Ingold (2018, p. 112), debemos acostumbrarnos a que nos vean como reporteros que envían observaciones y análisis desde el campo. No es toda la antropología, cierto, pero tampoco es toda la verdad.





Referencias
Chaudhuri, B. (2001). A bibliography on tribal studies in India. Calcuta: Corinthian Pres.
Ingold, T. (2018). Anthropology. Why it matters. Cambridge, MA: Polity Press.
Khan, S. (2008). Gujarat: A case of fascism? En B. Chaudhuri y M. A. Sabur, The minorities (pp. 19-28). Calcuta: Calcutta University.
Naipaul, V. S. (1982). Among the believers: An Islamic journey. Nueva York: Vintage Books.
Roy, A. (2012). Walking with the comrades. Nueva York: Penguin Books.
Roy, A. (2016). The end of imagination, Chicago, IL: Haymarket Books.

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ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA, volumen 55, número 1 (171), enero-abril de 2020, es una publicación cuatrimestral electrónica editada por El Colegio de México, Carretera Picacho Ajusco 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Tlalpan, Ciudad de México, C.P. 14110, Tel. (55) 5449-3000, www.colmex.mx, reaa@colmex.mx. Editor responsable: Adrián Muñoz. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2015-092314123300-203; ISSN (impreso) 0185-0164; ISSN (electrónico) 2448-654X, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de Estudios de Asia y África, fecha de la última modificación: 2 de marzo de 2020. La revista no asume la responsabilidad por las opiniones expresadas en los textos firmados, que son responsabilidad, única y exclusiva, de los autores. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea sin fines de lucro o para usos estrictamente académicos, citando invariablemente la fuente sin alteración del contenido y dando los créditos autorales.

 
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