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El triste inicio de una nación. La crisis política y humanitaria en Sudán del Sur

José Arturo Saavedra Casco

Estudios de Asia y África, 2017


El 9 de julio de 2011, la población en Yuba y las ciudades más importantes de la región de Sudán del Sur celebraban la anhelada independencia política que los separaba definitivamente de la República de Sudán después de casi treinta años de una cruenta guerra civil prácticamente ignorada por la comunidad internacional. Sudán, que obtuvo su independencia del dominio anglo-egipcio en 1956, padeció un conflicto armado que, además de cobrar numerosas vidas, propició una situación insoportable para la población del sur que no aceptaba, entre otras cosas, las políticas del gobierno de Jartum de imponerles una cultura árabo-islámica a pueblos cristianos o con religiones locales africanas y de marginarlos económicamente de los beneficios sociales y la infraestructura industrial que posee el norte del país. En 2005 se entablaron, finalmente, las negociaciones entre el gobierno del presidente Omar al Bashir y los representantes del Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (ELPS) para establecer un régimen de transición que preparara, con monitoreo internacional, un plebiscito por el cual la gran mayoría votó por la secesión del sur y la creación de un nuevo Estado.

Lamentablemente, a las celebraciones y las expectativas iniciales de desarrollo de Sudán del Sur, se sucedieron diversos problemas que han impedido el progreso y la estabilidad económica, así como la posibilidad de exportar petróleo, su principal producto para allegarse recursos. A lo largo de 2012, los conflictos entre el gobierno de Jartum y el de Yuba sobre disputas fronterizas en las zonas petroleras impidieron cualquier tipo de despegue económico y la llegada de capitales de inversión. Posteriormente, en diciembre de 2013, se suscitó una guerra civil iniciada por desacuerdos entre el presidente en funciones, Salva Kiir Mayardit, y su vicepresidente, Riek Machar, quienes, apoyados por milicias ligadas a ellos, principalmente con base en lealtades étnicas, desencadenaron un conflicto que ha costado miles de vidas y desplazamientos forzados de millones de habitantes. A pesar del acuerdo de paz firmado en 2015 entre las partes beligerantes, en julio de 2016, justo a cinco años de haberse declarado a Sudán del Sur como nación independiente, el país más joven del mundo sufre una grave crisis política y económica que amenaza con volverse incontrolable y afectar la estabilidad regional, a pesar de los esfuerzos de la Unión Africana y la Organización de las Naciones Unidas.

El objetivo de este texto es hacer un recuento del conflicto, sus orígenes, grupos que lo protagonizan y riesgos en caso de no solucionar, en el mediano plazo, el caos que prevalece e impide la consolidación de este nuevo estado africano.

Los actores más visibles del conflicto: Salva Kiir y Riek Machar

Desde mediados de 2005, cuando las negociaciones de paz crearon un gobierno de unidad entre los representantes del norte y el sur de Sudán, en el ELPS ya se vislumbraban diferencias de opinión. Mientras que el gobierno de Omar al Bashir esperaba que esta unión, creada por el Acuerdo Amplio de Paz, lograría la unificación política de las dos regiones, la inesperada muerte del líder histórico del ELPS, John Garang, en un accidente aéreo, a menos de un mes de haberse firmado el acuerdo, mostró la fragilidad de un gobierno de unidad nacional.1 Salva Kiir asumió la vicepresidencia de Sudán en sustitución de Garang. Uno de los puntos incluidos en el acuerdo de paz consistía en otorgar ese cargo al líder de Sudán del Sur junto con la autonomía política de la región. Mientras Garang apostaba por la consolidación de un Sudán unitario, transformado a partir de reformas sociales y económicas que incorporaran el sur a un plan de desarrollo económico común, su sucesor decidió orientar su postura a la realización de un plebiscito para separar el sur del norte.2 Kiir logró, de manera pacífica, conducir a su país al referéndum que tuvo lugar seis años después, en julio de 2011. Aunque no tenía el carisma ni la representatividad de Garang, Kiir llegó con gran apoyo a la consulta a la población del sur después de ser ratificado en su cargo un año antes. El respaldo del grupo dinka, que es la etnia mayoritaria, fue determinante.

A partir de la separación oficial de la región del sur y de la creación del nuevo Estado africano, Kiir asumió la Presidencia de la República de Sudán del Sur el 9 de julio de 2011. Junto a él, y con el cargo de vicepresidente, apareció Riek Machar, controvertido personaje que ha sido cuestionado muchas veces a lo largo de su carrera política. Considerado el más prominente líder de la etnia nuer, la segunda más grande después de los dinka, Machar llegó a tener confrontaciones con Garang que lo llevaron a separarse en 1991 del ELPS durante la llamada “segunda Guerra Civil entre el norte y el sur”.3 Acusado por sus adversarios de cambiar de facción varias veces a través de los años -llegó incluso a aliarse brevemente con el gobierno de Omar al Bashir en 1997-, volvió a unirse al Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán en 2002, para finalmente colaborar con Kiir en el proceso de paz y luego en la campaña del referéndum para la independencia de Sudán del Sur. Al igual que Garang, y a diferencia de Kiir, la formación académica de Machar incluye un doctorado en planeación estratégica en el Reino Unido. Su propósito ha sido mantener a los nuer en el plano político ante el aparente monopolio que ejercen Kiir y su grupo dinka en el poder.4

Desde el incidente conocido como “la crisis de Heglig”, que condujo a enfrentamientos armados en la frontera de Sudán y Sudán del Sur por el dominio de los campos petrolíferos a mediados de 2012, y después de firmar un acuerdo de paz en septiembre del mismo año, la frágil unidad política del gobierno de Kiir y Machar se fue deteriorando en medio de una enorme crisis económica provocada por la imposibilidad de exportar petróleo como consecuencia del conflicto fronterizo. Las secuelas dieron pie a crecientes desacuerdos que culminaron con la deposición de Machar, en julio de 2013, por parte de Kiir, quien lo acusó de preparar un golpe de Estado en su contra. En diciembre de ese año, Machar abandonó Yuba para dirigir la lucha.

Mientras Kiir considera a Machar una persona violenta, enemiga de negociaciones y “un profeta del desastre” para Sudán del Sur, Machar ve a Kiir como alguien autoritario, intolerante y que no acepta opiniones contrarias a la suya. Después de dos años de lucha y debido a la enorme cantidad de desplazados, a las enfermedades causadas por la guerra y la preocupación de los países vecinos, la ONU, la Unión Africana y prominentes líderes regionales e internacionales gestionaron un proceso de paz entre ambos líderes, que en agosto de 2015 firmaron un acuerdo para terminar con el conflicto. El punto principal resolvía establecer un gobierno de unidad en el que Machar sería reinstalado como vicepresidente y, junto con Kiir, prepararía las elecciones presidenciales de 2018. El acuerdo también contemplaba la restitución en el ejército sursudanés de las tropas rebeldes nuer leales a Machar.

En abril de 2016 Machar regresó a Sudán del Sur y tuvo un reencuentro con Kiir que ofrecía la esperanza de establecer una paz duradera. La relación entre ambos líderes era tensa, pero aparentemente habían llegado a un pacto político de distensión. La situación era complicada, pues Kiir no estaba muy de acuerdo en la mediación de los organismos internacionales, que, según él, habían interferido en su gobierno al presionarlo a firmar -bajo amenaza de fuertes sanciones- un convenio que le daba ventajas a su rival al posicionarlo para la competencia presidencial y otorgar amnistía a los rebeldes. Desafortunadamente, el 8 de julio, justo un día antes del quinto aniversario de la independencia del país, una confrontación entre escoltas de Machar y las guardias presidenciales de Kiir tuvo como resultado 273 muertos y otros cientos de heridos al extenderse el enfrentamiento a las calles aledañas al Palacio de Gobierno. Irónicamente, dentro del edificio, Kiir y Machar presidían una ceremonia previa a los festejos nacionales. Aunque en ese momento la confusión y la sorpresa los obligó a pedir calma a sus partidarios, era obvio que el proceso de paz concertado a lo largo de un año había fracasado. Los combates continuaron y, a los pocos días, Machar, que había perdido lo mejor de sus tropas, huyó una vez más y acusó a Kiir de haber instigado el ataque a sus hombres, en un intento de asesinarlo.5 De nuevo la guerra civil se asomaba, en circunstancias más complicadas que las anteriores a los acuerdos de paz, ante la impotencia y la preocupación internacionales por las consecuencias que traerá la reanudación de las hostilidades.

La postura internacional y los intereses políticos y regionales

El papel que han desempeñado los organismos internacionales en la guerra civil de Sudán del Sur corresponde a intereses de diversos tipos, tanto políticos como económicos. La ONU y la Unión Africana han visto cómo, paulatinamente, el gobierno de Kiir ha ido perdiendo la gobernabilidad, mientras la población civil sufre las consecuencias. No sólo eso, en el combate del 8 de julio de 2016, las tropas dinka, leales al gobierno de Kiir, diezmaron las fuerzas nuer de Machar y además atacaron un campo de refugiados cercano a Yuba, donde mataron, hirieron y violaron a mucha gente indefensa, incluido el personal internacional de la ONU que realizaba labores humanitarias.6 La brutalidad de la guerra ha tenido como blanco a la población civil, y la animosidad entre las etnias nuer y dinka se ha trasladado de los campos de batalla a los poblados y las ciudades de varias regiones. La ONU ha estado presente en la zona, desde hace más de una década, en tareas de protección a los civiles, como en Darfur entre 2006 y 2009, y luego en el conflicto entre las partes contendientes en Sudán del Sur que se mantiene desde finales de 2013. También la Unión Africana ha participado con ayuda diplomática y logística a lo largo de este tiempo.

Ante la imposibilidad de iniciar la recuperación económica y el desarrollo sostenido del país mientras durara la disputa y con una creciente crisis de refugiados que han huido a los países vecinos en cientos de miles, la esperanza de finalizar la guerra a través del acuerdo de 2015 era la carta más fuerte de la comisión negociadora que intervino durante dos años y medio para reunir a Kiir y Machar e intentar detener el conflicto. Desafortunadamente, varios de los puntos incluidos en este acuerdo no dejaban satisfechos a los líderes. A Kiir no le agradaba tener que restituir a Machar en el cargo de vicepresidente ni tampoco incluirlo en el proceso electoral de 2018, y a varios de sus colaboradores más cercanos les preocupaban los privilegios que, supuestamente, recibirían sus contrapartes nuer. Aunque Machar quedaba más complacido, coincidía con Kiir en cuanto a las consecuencias que tendría el establecimiento de una corte híbrida para Sudán del Sur. Este tribunal, solicitado y promovido tanto por Amnistía Internacional como por la Federación Internacional de Derechos Humanos, estaría constituido por jueces de Sudán del Sur y de otros países africanos con supervisión y apoyo de la ONU y de la Unión Africana. Su objetivo sería llevar a juicio a los responsables de visibles y documentadas violaciones a los derechos humanos de la población civil, sin importar su procedencia étnica ni su posición en el poder -lo que nominalmente incluía a Kiir y Machar como posibles indiciados-.7 Para darle fuerza, se preveía que esta corte fuera apoyada directamente por una fuerza militar significativa proporcionada por la Unión Africana y con el nombre de Fuerzas de Protección Regional, que estarían coordinadas con los 12 000 efectivos de las Fuerzas de Paz de la ONU estacionadas previamente allí.8 Desde un principio, Kiir ha sido renuente a aceptar la implementación de estas fuerzas argumentando que su presencia representa una intervención e intromisión en los asuntos internos de su gobierno. El problema radica en que no todos los negociadores externos creían -hasta antes del reinicio de las hostilidades de julio de 2016- que la instauración de la corte fuese lo más prioritario, como han sostenido grupos civiles de Sudán del Sur, Amnistía Internacional y la Federación Internacional de Derechos Humanos. Así pues, las opiniones se dividieron sobre si lo principal era lograr una dudosa e improbable reconciliación política entre Kiir y Machar o establecer inmediatamente esa corte.9 Y los recientes acontecimientos de violencia han polarizado aún más las posturas.

Los participantes externos en las negociaciones han sido variados y sus respectivos intereses geopolíticos y económicos son diversos y a veces contradictorios. Por un lado, encontramos a los representantes regionales africanos constituidos en la Autoridad Intergubernamental de Desarrollo, grupo comisionado por la Unión Africana y el Consejo de Seguridad de la ONU para llevar a cabo las negociaciones de paz en Sudán del Sur, liderado por Etiopía y que incluye entre sus miembros a países con serias diferencias, como Sudán y Uganda. Estas diferencias parten de los antagonismos históricos entre sus respectivos presidentes, Omar al Bashir y Yoweri Museveni. Ambos buscan influir en la política interior de su joven vecino, y hay múltiples evidencias de que sus gobiernos se han involucrado en esta guerra civil, ya que Bashir apoya a Machar, mientras que Museveni es un claro aliado de Kiir.10 Por otra parte, Etiopía y Kenia -otro miembro de este grupo- buscan consolidar su presencia económica en Sudán del Sur y esperan que con un gobierno estable se reactive la economía regional y puedan beneficiarse de la riqueza producida por la exportación de petróleo. También confían en que el establecimiento de una paz duradera reduzca la crisis humanitaria de los refugiados sudsudaneses, causada por el desplazamiento de miles de personas a sus territorios y en aumento constante. Un reporte de la BBC, fechado en septiembre de 2016 y que cita fuentes de la Agencia de la ONU para los refugiados, menciona que desde el inicio de la guerra civil, en diciembre de 2013, aproximadamente 1.6 millones de personas han huido del país, lo que representa 20% de la población. Tan sólo de julio a septiembre de 2016, 185 000 habitantes abandonaron Sudán del Sur tras los más recientes enfrentamientos. Enfermedades de todo tipo, desnutrición y escasez de alimentos son calamidades que acompañan a los refugiados, muchos de ellos mujeres, niños pequeños y ancianos que tienen que atravesar a pie grandes extensiones de selva y zonas desérticas, sin agua ni sustentos suficientes. Uganda es el país que recibe más refugiados, seguido por Etiopía, Sudán, Kenia y la República Democrática del Congo.11

Por otra parte, Estados Unidos, que también tiene preponderancia directa en el Consejo de Seguridad de la ONU, ha presionado directamente al gobierno de Kiir para restablecer el orden, aceptar la llegada de las Fuerzas de Protección Regional­ y garantizar las condiciones para un eventual retorno de Machar a la vicepresidencia. En su última visita al continente africano, el secretario de Estado, John Kerry, fue contundente al declarar que el incumplimiento de estas condiciones se traduciría en la aplicación de sanciones económicas y el retiro de apoyos a su gobierno. Ante estas demandas, Kiir aseguró que no se opondría a un nuevo retorno de Machar.12 No obstante, nombró a un cercano colaborador de Machar, Taban Deng, como nuevo vicepresidente e incluyó en su gabinete a otros prominentes nuer que se han separado de Machar ante su huida. Esto genera incertidumbre sobre una posible renegociación de paz a corto plazo.13 Por último, la Unión Europea, Rusia y China han desempeñado un papel discreto en esta etapa del conflicto, a pesar de tener bien localizados sus intereses económicos desde la declaración de independencia. Su postura es similar a la de muchos países y comunidades regionales que prefieren no involucrarse y dejar que la ONU y la Unión Africana hagan el trabajo de pacificar la zona con sus propias estrategias y recursos.

La guerra con fines de lucro: el Sentry Project Report

Por si fueran pocos los problemas después del reinicio de las hostilidades, el Sentry Project, organismo fundado por el conocido actor George Clooney y por John Prendergast, activista y ex director de asuntos africanos del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, sacó a la luz, en septiembre de 2016, un impactante informe en el que se acusa a Salva Kiir, Riek Machar y otros prominentes miembros del ELPS de Sudán, partido en el poder, de enriquecerse a costa de la guerra civil iniciada en 2013, al suscribir contratos con empresas chinas, rusas y de otras partes del mundo para el suministro de armas, combustibles y recursos para sostener el conflicto, a cambio de beneficios y exclusividad para acceder al petróleo y otras materias primas sudsudanesas. A través de una investigación iniciada en 2015 recopilaron documentos, realizaron entrevistas y buscaron datos en instituciones bancarias en Europa, Norteamérica, África, Asia y Australia. El informe señala que:

La guerra civil de Sudán del Sur no es solamente la sangrienta lucha entre dos hombres por el control de un feudo […] sino la competencia por el “gran botín” que representan los recursos del Estado y materias primas entre dos redes cleptocráticas rivales dirigidas por el presidente Kiir y el vicepresidente Machar. Los líderes de ambos bandos beligerantes manipulan y explotan divisiones étnicas con el fin de obtener apoyo para un conflicto que sólo es útil a los intereses de los máximos dirigentes de estas dos redes cleptocráticas y también para los facilitadores internacionales cuyos servicios son utilizados por dichas redes y que en ellos se apoyan.14

A través de un extenso documento de más de sesenta páginas, el equipo de investigación comisionado por Clooney y Prendergast muestra, con copias de cartas, contratos, fotografías y diversos materiales recopilados en el texto, que Salva Kiir y Riek Machar, junto con los generales Paul Malong Awan, Malek Reuben Riak y Gabriel Jok Riak, todos ellos altos mandos del ejército y del gobierno, han desviado recursos durante la guerra y, a través de redes de prestanombres y familiares, han adquirido mansiones y lujosas propiedades en Kenia, Uganda y Europa, cuentan con carros de lujo, aviones privados y otras costosas comodidades, mientras que en su país hay miles de muertos, heridos y desplazados sufriendo enfermedades, desnutrición y hambrunas en un completo estado de abandono.15 Si bien, por desgracia, los actos de corrupción y cleptocracia por parte de gobernantes son tristemente comunes en el mundo, las condiciones extremas en que vive la mayor parte de la población de Sudán de Sur por la crueldad del conflicto y por la exigua economía del país son motivo de una indignación mayor contra Machar, Kiir y sus colaboradores. Ni Machar, quien sigue oculto después de haber huido del país en julio, ni Kiir se han manifestado al respecto.16 Lamentablemente para ellos, la evidencia parece confirmar la acusación y ya se verá en el mediano plazo si este informe influye en sus posicionamientos políticos cuando concluya el conflicto y si los condenará en un posible juicio en caso de instalarse la corte híbrida que Amnistía Internacional y otros organismos exigen que se implemente.

Conclusión: ¿hay soluciones en el mediano plazo?

A partir de lo expuesto, instaurar exitosamente una paz duradera y el restablecimiento de un Estado de derecho en Sudán del Sur en el mediano plazo es bastante improbable. El contexto actual después de los incidentes de julio de 2016 ha dejado a esta nación en la total incertidumbre. Por una parte, Salva Kiir no está dispuesto a permitir que la Unión Africana introduzca al contingente armado de las Fuerzas de Protección Regional ni a que la ONU incremente las fuerzas de paz, pues considera que esta política es una injerencia extranjera en su gobierno. Por su parte, la ONU insiste en que no puede garantizar la ayuda a la población civil ni la seguridad de los campos de refugiados cercanos a Yuba sin el incremento de efectivos.17 Otro aspecto que hace prácticamente imposible una reconciliación entre Kiir y Machar para una eventual reinstalación de un gobierno conjunto es haber puesto en el cargo a Taban Deng, líder nuer que abandonó a Machar y ahondó la división que en los últimos tiempos muestra la cúpula de dirigentes nuer en la guerra.18 Esto significa que las negociaciones para restaurar la paz tendrían, prácticamente, que comenzar de cero, hecho que reconoce el mismo secretario de Estado John Kerry, quien afirmó incluso que la presencia de Machar en este reinicio ya no es indispensable.19

Por otra parte, Amnistía Internacional y la Federación Internacional de Derechos Humanos insisten en que es prioritario hacer efectiva la instalación de una corte híbrida en Sudán del Sur para juzgar y condenar a los responsables de las constantes violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la guerra civil. Para conseguirlo sería necesario un mayor compromiso de la Unión Africana y seguir el modelo de los juicios recientes a políticos acusados de crímenes similares en Chad, pero juzgados en Senegal. Esto permitiría que los culpables de las atrocidades cometidas en Sudán del Sur fueran juzgados en un país vecino, lo que daría seguridad a la corte y avalaría su buen funcionamiento, luego de la pérdida de influencia de la Corte Penal Internacional de La Haya en África y de la reciente separación de varios países de la Unión Africana de este tribunal.20 Obviamente, hacer esto convertiría a Sudán del Sur en un problema que requiere una solución “africana”.21 El punto central es que tal solución consiste en una intervención formal armada de las Fuerzas de Protección Regional conformadas con efectivos de los países vecinos. El analista Alex de Waal sostiene que, aunque onerosa y riesgosa, es la única medida efectiva a la mano para dar el primer paso hacia un Estado de derecho, y que más allá de una guerra étnica, hay una carencia notoria de instituciones políticas que se suple con lealtades a un jefe cuya esencia es la identidad basada en lazos étnicos. Asimismo, esas lealtades cuestan y ello obliga a los líderes a buscar recursos en medio de una economía exhausta, lo que conduce a acciones de corrupción como las señaladas por el Sentry Report.22

Por terrible que parezca, no sólo De Waal piensa que habría que dar una “oportunidad a la guerra de intervención africana” como una forma de detener a Kiir y a la oposición en su lucha estéril e inútil.23 Falta ver si el gobierno de Sudán, presidido por Omar al Bashir, y el de Uganda, representado por Museveni, olvidarán sus intereses regionales en favor de este proyecto que los obligaría a dejar a sus respectivos protegidos a su suerte. Por otra parte, hay que recordar que experiencias similares en Somalia y Mali no terminaron con los conflictos de estas naciones. Incluso es muy probable que, en el caso de Sudán del Sur, el resultado al final sea mucho peor para una población que no ha conocido durante su vida nada más que la guerra.





Bibliografía
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Davidson, William, “Failing South Sudan: First as Tragedy, Then as Farce”, African Arguments, 4 de octubre de 2016. [< [http://africanarguments.org/2016/10/04/failing-south-sudan-first-as-tragedy-then-as-farce/ >, consultado el 15 de octubre de 2016.]
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Noel, Katherine, “Understanding the Roots of Conflict in South Sudan”, Council on Foreign Relations, 14 de septiembre de 2016. [< [http://www.cfr.org/south-sudan/understanding-roots-conflict-south-sudan/p38298 >, consultado el 15 de octubre de 2016.]
The Sentry, War Crimes Shouldn’t Pay: Stopping the Looting and Destruction in South Sudan, septiembre de 2016. [< [https://thesentry.org/reports/warcrimesshouldntpay/ >, consultado en octubre de 2016.]

Notas al pie:

1.

fn1El Acuerdo de Paz fue implementado el 5 de julio de 2005 en Jartum, donde Garang juró como el primer vicepresidente de “la Segunda República del nuevo Sudán”. El 30 de julio del mismo año, Garang murió al desplomarse el helicóptero en el que viajaba. Matthew le Riche y Matthew Arnold, South Sudan: From Revolution to Independence, Londres, Hurst & Company, 2012, p. 115.


2.

fn2Le Riche y Arnold, South Sudan, op. cit., p. 116; BBC News, “South Sudan President Salva Kiir in Profile”, 23 de diciembre de 2013.


3.

fn3Le Riche y Arnold, South Sudan, op. cit., p. 44.


4.

fn4BBC News, “South Sudan’s Riek Machar profiled”, 26 de abril de 2016.


5.

fn5Alastair Leithead, “South Sudan Crisis: The Wounds of War”, BBC News, 21 de julio de 2016.


6.

fn6William Davidson, “Failing South Sudan: First as Tragedy, Then as Farce”, African Arguments, 4 de octubre de 2016.


7.

fn7Amnesty International, South Sudan: Looking for Justice: Recommendations for the Establishment of the Hybrid Court for South Sudan, 13 de octubre de 2016, Index number: AFR 65/4742/2016. El documento contiene detalles pormenorizados sobre las características de la Corte, su composición y estructura, así como la logística de su funcionamiento.


8.

fn8Davidson, “Failing South Sudan”, op. cit.


9.

fn9James Copnall, “South Sudan: Obstacles to a Lasting Peace”, BBC News, 25 de agosto de 2015.


10.

fn10Idem; Davidson, “Failing South Sudan”, op. cit.


11.

fn11BBC News, “South Sudan Refugees reach One Million Mark”, 16 de septiembre de 2016.


12.

fn12Katherine Noel, “Understanding the Roots of Conflict in South Sudan”, Council on Foreign Relations, 14 de septiembre de 2016.


13.

fn13Davidson, “Failing South Sudan”, op. cit.; Leithead, “South Sudan Crisis”, op. cit.


14.

fn14The Sentry, War Crimes Shouldn’t Pay: Stopping the Looting and Destruction in South Sudan, septiembre de 2016, p. 5. Traducción del inglés de José Arturo Saavedra.


15.

fn15Ibid., p. 2: “Foreword” de George Clooney y John Prendergast.


16.

fn16Alastair Leithead, “South Sudan’s Kiir and Machar profited during war – report”, bbc News, 12 de septiembre de 2016.


17.

fn17Leithead, “South Sudan Crisis”, op. cit.


18.

fn18Davidson, “Failing South Sudan”, op. cit.


19.

fn19Idem.


20.

fn20Amnesty International, South Sudan, op. cit., p. 11.


21.

fn21Davidson, “Failing South Sudan”, op. cit.


22.

fn22Noel, “Understanding the Roots of Conflict in South Sudan”, op. cit.


23.

fn23Davidson, “Failing South Sudan”, op. cit.


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ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA, volumen 54, número 1 (168), enero-abril de 2019, es una publicación cuatrimestral electrónica editada por El Colegio de México, Carretera Picacho Ajusco 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Tlalpan, Ciudad de México, C.P. 14110, Tel. (55) 5449-3000, www.colmex.mx, reaa@colmex.mx. Editor responsable: Adrián Muñoz. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2015-092314123300-203; ISSN (impreso) 0185-0164; ISSN (electrónico) 2448-654X, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de Estudios de Asia y África, fecha de la última modificación: 8 de julio de 2019. La revista no asume la responsabilidad por las opiniones expresadas en los textos firmados, que son responsabilidad, única y exclusiva, de los autores. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea sin fines de lucro o para usos estrictamente académicos, citando invariablemente la fuente sin alteración del contenido y dando los créditos autorales.

 
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