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Radiografía del Hathayoga de Adrían Muñoz

Roberto Eduardo García Fernández*

Estudios de Asia y África, 2017


En el libro Radiografía del hathayoga, Adrián Muñoz recurre a una metáfora médica para explorar las características del grupo de fenómenos complejos que conocemos como hathayoga. Sin embargo, también podría haber empleado la figura del laberinto, en este caso uno frondoso y tupido donde cada texto, cada personaje legendario y cada doctrina representarían un camino propio que, a menudo, se convierte en callejón sin salida, pero que la mayoría de las veces se interseca, en múltiples niveles, con otros caminos. Aunque el autor nos introduce en este laberinto, no necesariamente tiene la intención de mostrarnos el camino a la salida o al centro, quizá porque espera que reconozcamos, como lo hace él, que no hay una única salida o un único centro y que, a veces, aquello que parece encontrarse en la periferia del laberinto del hathayoga, en términos ya sea doctrinales, rituales o textuales, en realidad es uno de muchos centros, alrededor del cual se vislumbra la posibilidad de tomar nuevos senderos.

Con esto no pretendo decir que el lector se pierde en el libro, sino que su lectura puede ponerlo en una situación en la que no obtenga respuestas definitivas a sus interrogantes sobre el hathayoga, sino más bien en la que pueda atisbar la complejidad que implica este fenómeno y la labor de estudiarlo.

Ahora bien, más allá de la reafirmación de esta complejidad, ¿qué ofrece este libro al lector? En principio plantea diversos interrogantes que fascinarán a los interesados en entender el hathayoga en su complejidad, pero que pueden causar desazón en más de un practicante de “yoga moderno”. Solamente parafrasearé algunos de estos cuestionamientos; por ejemplo: ¿nos referimos a lo mismo cuándo hablamos de hathayoga en la actualidad y en los siglos XIII a XVII en India?, ¿tiene el hathayoga las mismas implicaciones sociales y políticas hoy en México que en India?, ¿es posible trazar una línea de continuidad o parentesco entre el hatha de los textos fundacionales y el de las escuelas o estudios de yoga en cualquier parte del mundo? Siguiendo la misma línea, ¿qué es exactamente un yogui o una yoguini? En una dirección un poco distinta, y apuntando hacia la forma en que la tradición del hathayoga clásico se fue constituyendo, el autor se pregunta cuál es la relación entre el hathayoga y el yoga clásico, representado por el Yogasūtra de Patañjali. Como consecuencia de estas relaciones ¿es posible hablar de yoga en términos generales, o sería mejor hablar de los yogas? Éstas y otras dudas son los ejes que motivan la discusión de diversos temas sobre el origen, las fuentes, los personajes legendarios y las doctrinas principales del hathayoga.

Radiografía del hathayoga está estructurado en cuatro secciones o, como el autor las llama, “radiografías”, y en cada una expone y analiza aspectos relevantes de la tradición del hathayoga. En la primera, nos presenta su objeto de estudio, el hathayoga, a través de sus practicantes tradicionales y legendarios. Discute la figura del yogui tal como ha sido construida en el imaginario de las tradiciones indias, marcando sus ambigüedades inherentes y sus contrastes aparentemente irresolubles, y prepara el terreno para introducirnos al mundo de los yoguis del Nāth Panth, la orden religiosa en la que florecieron las prácticas y las doctrinas del hathayoga. ¿Dónde se originó?, ¿cuáles son sus linajes?, ¿a qué época se remontan?, ¿qué los hace distintos de otras órdenes de renunciantes? Guiado por éstos y otros cuestionamientos, el autor esboza un retrato de los yoguis que abarca facetas de su historia, reconoce rasgos característicos de su identidad como miembros de una orden específica y discute sus relaciones cercanas con representantes del poder político.

De paso, Adrián Muñoz presenta a algunos nāth-yoguis legendarios, cuyas historias son un medio extraordinario para conocer los presupuestos y tensiones principales de esta tradición. Aunque los relatos son de suma importancia para el estudio del hathayoga, el lector no los encontrará en este libro, pues su exposición y análisis constituye la sustancia de otra obra del mismo autor, La piel de tigre y la serpiente: la identidad de los nāth-yoguis a través de sus leyendas, también publicada por El Colegio de México.

En la segunda sección, el autor emprende una labor bastante complicada: discute los posibles vínculos entre el hathayoga y otras formas de yoga antiguo, en especial el clásico tal como se expone en el Yogasūtra de Patañjali, el influyente tratado a partir del cual se han medido muchas otras formas de yoga a lo largo del tiempo y que, en la actualidad, sigue siendo un referente para lo que Muñoz llama la “cultura del yoga” moderno, que, aunque muy citada, es poco estudiada. Al respecto, el investigador expone con toda claridad no sólo los puntos de encuentro, sino también las discontinuidades y las rupturas metodológicas y soteriológicas, no sólo entre el yoga de Patañjali y el hathayoga, sino también dentro del mismísimo hathayoga, que entonces se revela como un cúmulo de distintas tradiciones más que como una corriente unificada y homogénea.

En esta sección destaca el apartado “Literatura hathayóguica”, en el que Muñoz hace un recuento de las principales producciones literarias de esta tradición, cuyas obras más antiguas podrían remontarse al siglo XII y quizá a un poco antes. A pesar de no tratarse de una exposición exhaustiva, este inventario se convertirá en punto de partida obligado para los hablantes hispanos interesados en investigar el hathayoga. Sobre este tema, destaca que los textos más citados en el yoga moderno, como el Gheraṇḍa-saṃhitā, el Śiva-saṃhitā y el Haṭha-pradīpikā, se cuentan entre los más tardíos.

La tercera sección, “Taxonomía y práctica del hathayoga”, es la más nutrida tanto en investigación como en debates especializados. Algunas de las obras con las que se trabaja en este análisis no han sido vertidas a lenguas modernas, y una en particular, el Yoga-bīja, fue traducida por el autor, que también preparó una transcripción crítica del texto de próxima publicación. En esta parte, Muñoz expone las doctrinas comunes a la mayor parte de los textos de hathayoga, y pone en evidencia que el hathayoga, lejos de constituir una tradición unificada, es un fenómeno múltiple que carece de cánones definitivos y que históricamente ha poseído un ímpetu integrador y resignificador que persiste hasta nuestra época. A la luz de fuentes sánscritas, Muñoz analiza cuestiones como las partes del cuerpo sutil, las sustancias que integran este cuerpo y las técnicas que los nāth-yoguis deben emplear para controlar y manipular estas sustancias, todo con el objetivo de transformar su cuerpo mutable en imperecedero.

Es especialmente interesante el apartado en el que se discute la importancia de los āsanas o posturas en el hathayoga y se establece el lugar que tradicionalmente tenían dentro del conjunto de sus técnicas. Aunque no será sorpresa para quienes tengan ciertas nociones sobre el yoga clásico o sobre algunos de los tratados más conocidos del hathayoga, el cotejo que realiza el autor a partir de las fuentes demuestra que los āsanas se consideraban parte de las etapas preparatorias por las que el yogui debía transitar, y jerárquicamente se encontraban por debajo de las técnicas relacionadas con el control de la respiración, entre otras. Sin embargo, como argumenta el autor, esto no elimina el papel central que tenía el cuerpo en el hathayoga, pues la metodología del nāth-yogui puede entenderse muy bien como una corporeización del ritual, y, en última instancia, los textos de hathayoga plantean que la liberación del yogui no solamente se produce en el plano de lo espiritual, sino que también tiene un efecto en el cuerpo físico, transmutando sus impurezas y debilidades en pureza, vigor y permanencia.

Finalmente, en la cuarta sección el autor expone varios temas, entre los cuales destaco dos: por un lado, la tensión entre erotismo y control ascético y, por otro, la naturaleza de la experiencia liberadora de acuerdo con los textos hathayóguicos. Estos temas, que a primera vista pueden parecer ajenos entre sí, e incluso contrastantes, en realidad están íntimamente conectados. De acuerdo con el análisis, el hathayoga heredó de las tradiciones tántricas la imaginería y la ritualización de lo sexual, en sentido ya fuera simbólico o literal. La experiencia misma de la liberación se explica haciendo referencia a la unión final del principio masculino consciente, Śiva, con el principio femenino dinamizante, Śakti, unión que en el arte se representa a veces como la cópula de la pareja divina, de forma ya sea figurativa o icónica.

Los contrastes entre erotismo y ascetismo, sexualidad y liberación, han generado tensión históricamente, pues, como demuestra Muñoz al estudiar a los exegetas antiguos, son parte de un debate sin conclusión dentro de la misma tradición del Nāth Panth, que en sus facetas más conservadoras se empeña en interpretar simbólicamente algunas prácticas sexuales descritas en los textos. Sin duda, la discusión sobre este material textual constituye una aportación de gran relevancia para entender la sexualidad tántrica, tema que se interpreta demasiado a la ligera en nuestra época.

Ahora bien, ¿a qué tipo de lectores está dirigido Radiografía del hathayoga? En la introducción, el autor nos dice que, a pesar de que el estudio está cargado de discusiones eruditas, su intención es alcanzar al público en general. Debo decir que el libro no es difícil, pero tampoco es complaciente, ni en su estructura ni en su manera de debatir los temas. Cualquier estudioso de indología, acostumbrado ya a lo intrincado de esta disciplina, se sentirá muy a gusto con las discusiones de carácter filológico, historiográfico y doctrinal, pero ¿qué pasa con el público en general? Evidentemente, el tema mismo del libro atraerá a un público mucho más amplio interesado en el hathayoga, no ya como fenómeno religioso indio sino como una práctica que se ofrece en los estudios de yoga modernos y que, por más alejada que se encuentre del hathayoga clásico, a menudo también se presenta como un fenómeno religioso con todo y linajes, textos religiosos fundacionales y una ritualidad improvisada que, debemos reconocerlo, a veces es también creativa e ingeniosa.

Para algunos sectores de ese público no tengo muy buenas noticias. Radiografía del hathayoga no es un manual de hathayoga. No encontrarán en este libro, por ejemplo, las listas definitivas y canónicas de āsanas, bandhas, mudrās y kriyās que se remontan a los fundadores. Y no lo harán porque no existen. Por el contrario, se toparán más bien con la ambigüedad de los textos clásicos y, ante todo, con la falta de consenso sobre diversos temas, incluidos algunos que parecerían muy sencillos, como la forma de definir una postura tan panindia como el padmāsana, la postura del loto.

Sin embargo, otros sectores de este público, en cierta medida más conscientes de la complejidad que implica el hathayoga y más flexibles ante las paradojas, las inconsistencias y los debates internos de estas tradiciones, aprovecharán muy bien este libro, no solamente para conocer parte de la historia, las fuentes y las ideas centrales del hathayoga clásico, sino también para reflexionar sobre las discontinuidades, las adaptaciones y las resignificaciones que ligan sus propias formas de yoga con el hathayoga tradicional.

El libro no es condescendiente y exige del lector no especializado algo más que elasticidad física. A saber, su lectura demanda gran flexibilidad en la manera de ver las cosas y requiere que dejemos de concebir este tipo de fenómenos religiosos y sociales como tradiciones cerradas y terminadas, y que comencemos a entenderlos como tradiciones vivas y en constante cambio.

Se debe reconocer que este libro es una contribución notable que cubre varias lagunas, en especial en el campo de la indología en habla hispana. Con su publicación, Radiografía del hathayoga se convierte en referente obligado para aquellos que se interesen en el hathayoga, en términos ya sea académicos o desde otras perspectivas

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ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA, volumen 54, número 1 (168), enero-abril de 2019, es una publicación cuatrimestral electrónica editada por El Colegio de México, Carretera Picacho Ajusco 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Tlalpan, Ciudad de México, C.P. 14110, Tel. (55) 5449-3000, www.colmex.mx, reaa@colmex.mx. Editor responsable: Adrián Muñoz. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2015-092314123300-203; ISSN (impreso) 0185-0164; ISSN (electrónico) 2448-654X, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de Estudios de Asia y África, fecha de la última modificación: 8 de julio de 2019. La revista no asume la responsabilidad por las opiniones expresadas en los textos firmados, que son responsabilidad, única y exclusiva, de los autores. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea sin fines de lucro o para usos estrictamente académicos, citando invariablemente la fuente sin alteración del contenido y dando los créditos autorales.

 
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